Las damas del tarot

Pamela Colman Smith y Frieda Harris, las manos detrás de dos barajas

Caballete con una pintura a medio terminar de colores intensos y una paleta de óleos en un estudio con luz de tarde

Una baraja de tarot es, antes que nada, 78 dibujos. Las dos más influyentes del siglo XX los deben a dos pintoras inglesas que trabajaron por encargo de dos ocultistas, y que se llevaron bastante menos fama que ellos.

Pamela Colman Smith

Nació en Londres en 1878 y pasó parte de la infancia en Jamaica y en Estados Unidos. Sus amigos la llamaban «Pixie». Era ilustradora, escenógrafa y narradora de cuentos, y como Waite pertenecía a la Orden Hermética de la Aurora Dorada, el grupo ocultista británico donde se cruzaron muchos de los nombres del tarot de la época.

Waite quería una baraja nueva y se la encargó. La publicó la editorial Rider en 1909, junto con un libro de Waite que explicaba las cartas.

Lo importante de su trabajo está en los arcanos menores. En las barajas anteriores, como la de Marsella, el Ocho de Oros era eso: ocho monedas dispuestas en la carta. Smith dibujó a un artesano en su banco, tallando una moneda tras otra. El Tres de Espadas, un corazón atravesado bajo la lluvia. El Diez de Copas, una familia bajo un arco iris. Cada carta tiene una escena, y la escena sugiere el significado.

Esa decisión cambió la forma de aprender. Con su baraja se puede empezar a leer mirando, sin memorizar listas. Muchísimas barajas posteriores copian su composición carta a carta, aunque cambien el estilo.

Por el trabajo cobró una cantidad fija, sin derechos sobre las ventas. Murió en 1951 con pocos recursos.

Su firma aparece en las cartas: unas iniciales entrelazadas, pequeñas, en una esquina. Se puede buscar en cualquier edición actual.

Lady Frieda Harris

Frieda Harris era pintora y estaba casada con un político liberal, Percy Harris, de ahí el título de «lady». A finales de los años treinta empezó a trabajar con Aleister Crowley en una baraja que debía recoger todo su sistema de símbolos: astrología, cábala, alquimia. La idea inicial era algo más modesto. Acabó durando varios años.

Lo que salió de ahí es el tarot Thoth, y se parece poco al de Smith. Colores intensos, formas geométricas, planos que se superponen. Donde Smith cuenta escenas, Harris pinta estados: cartas que funcionan más como un diagrama cargado de energía que como una ilustración.

Algunas cartas cambian de nombre respecto a la tradición. La Fuerza pasa a ser «Lujuria»; la Templanza, «Arte». Son decisiones de Crowley que Harris tuvo que traducir a imágenes.

Crowley murió en 1947 y Harris en 1962. Las pinturas se habían expuesto, pero la baraja impresa no llegó hasta 1969. Ninguno de los dos la tuvo en las manos.

Dos maneras de mirar una carta

Poner las dos barajas una al lado de la otra es un buen ejercicio, sepas o no tarot. Coge la Torre de cada una. La de Smith es casi un cuadro de catástrofe: un rayo, una corona que cae, dos figuras en el aire. La de Harris es fuego y fragmentos, con un ojo enorme arriba. El mismo arcano, dos temperamentos.

Quien lee tarot suele acabar teniendo preferencia por una u otra. Y casi siempre empieza con la de Smith.

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